Superar la derrota



El hecho de ser derrotado en un partido, la mayoría de las veces se acompaña de impotencia, lo cual genera poca motivación en los jugadores.

Le asignamos al término derrota una connotación negativa, en donde alguien gana algo  y otro lo pierde.

Pero, si nos ponemos a pensar con profundidad sobre el tema de la derrota, podemos tomarlo de una manera diferente.

Ser derrotado, perder un partido, fracasar no debe de ir estrictamente de la mano con sentimientos de frustración. Ser derrotado también puede significar camino,  rumbo, es decir, que si perdemos podemos aprender de la experiencia, y perfeccionarla para encontrar un camino que nos lleve a una mejor actuación una próxima vez.

 

Hemos de recordar que cuando perdemos, cuando nos derrotan, algo cambia, no somos los mismos, algo ganamos también, ganamos experiencia y vivencias personales y grupales.

Ganamos el llamado aprendizaje a través de la experiencia, aquel que más nos duele pero que más nos enseña, aquel que nos hace trabajar conocimientos de nosotros mismos y de nuestro medio que nos serán muy útiles para nuevas experiencias, y en el ámbito deportivo, para nuevas competencias.

Pero no se trata nada más de ser derrotado, o de perder un partido, aprender de esta experiencia dolorosa va más allá, debemos de ponernos atención, atención a cada detalle vivido, de todo lo que sucedió para que el resultado no fuera el deseado, atención de cómo nos sentíamos en el momento de competir, de que comimos, de cuantas horas dormimos, de toda la experiencia en su totalidad, con el fin de sentirla e intentar cambiarla para la próxima vez.

 

Así, el paso número uno  para superar una derrota, es tomarla como una experiencia de nuestra vida deportiva, no como el final de la misma. Ganamos y perdemos todo al tiempo, y de esta experiencia de fracaso podemos ganar mucho, inclusive más que cuando triunfamos.

¿Y que hacemos con lo  vivido y aprendido?: podemos anotarlo y estudiarlo para crear nuestra próxima estrategia en un partido, podemos compartirlo con nuestros compañeros de equipo para que nos den su opinión y crear un aprendizaje en conjunto, podemos incorpóralo a nuestra vida diaria y aplicarlo en todos los ámbitos donde nos desarrollamos como el trabajo, la familia, y los estudios.

 

El paso número dos  sería, aceptarnos como seres humanos que fallamos, que perdemos, que nos equivocamos, y esto no significa que seamos menos valiosos. Es decir, se trata de incorporar el “fracaso”, no leyendolo como algo que nos resta valor como personas, que nuestra autoestima no dependa si ganamos o perdemos en un partido, pues somos más que eso.

 

Finalmente el paso número tres sería el competir contra uno mismo, si lo tomamos así no somos derrotados por alguien, somos seres en construcción que aprendemos de las derrotas, las derrotas son parte de nuestra vida y no podemos obviarlas, están ahí, y están para aprender y mejorar, y la única manera de aprender de ellas sería el centrar la competencia en uno mismo, el vencerse a uno mismo.

 

Entonces superar la derrota significa vivirla e intentar cambiar cosas, ya sea entrenando más, organizándose mejor, planificando  mejor el tiempo de entreno y descanso... no se trata de obviarla o saltarla, si aprendemos del error y del fracaso, si lo incorporamos a nuestra vida, si los aceptamos en nuestro rendimiento deportivo y los vemos necesarios para mejorar, deja de ser un fantasma que nos asusta siempre antes de un partido, y se convierte en nuestra aliado para mejorar y crecer como personas y como deportistas a todo nivel.