Amor a los colores y entrega al club

 

Identificarse con un grupo, con una afición, con un club y sentir sus colores es un aliciente para muchos y eso, con el tiempo, se ha ido convirtiendo casi como una religión, quizá porque los clubes de fútbol son mucho más que un club de fútbol.

 

Los futbolistas que, aún no han tenido la oportunidad de defender la camiseta de su club o lo hacen poco y se vuelcan con el proyecto como si fueran titulares indiscutibles partido a partido, con humildad como traje de trabajo, aportan tanto o más que los jugadores más "indiscutibles" que saltan a un terreno de juego.

 

Ese tipo de jugadores existen. La experiencia me ha demostrado que existen. Es ese tipo de jugadores que van a cada entrenamiento con el único objetivo de crecer y madurar como futbolistas, que intentan aprovechar cada minuto que tienen en un partido como si fuera su última oportunidad de demostrar que pueden estar en el once. Ese grupo de jugadores que, además, tienen la virtud de asumir, con respetuosa resignación, la suplencia. Sin levantar la voz, sin querer desentonar, sin querer llamar la atención y buscando que se le juzgue por lo que aporta sobre el césped de un campo de fútbol. Algo totalmente injusto porque, generalmente, la falta de minutos les acaba sometiendo a una presión exagerada, primero personal y después ante la mirada de sus compañeros, entrenador y los más exigentes, el público.

 

Pero una vez que acaba el partido, nadie sabe cual es su papel dentro del vestuario. En este momento, en el día a día, es donde entra a formar parte del universo del futbolista, la calidad humana de la persona y su grado de implicación y amor a unos colores.

 

Los jugadores están deseosos de poder vestir la mayor parte de los partidos esa camiseta por la que tanto trabajo, esfuerzo y sacrificio están dando en el día a día de sus entrenamientos. Cierto es que nos encontramos también aquellos que tan solo están por pasar el tiempo con los amigos practicando un deporte que, si más no, les gusta. Pero hemos de centrarnos en aquellos que no es solo para ellos un deporte más, sino un camino de superación, de ambición con un objetivo importante en su vida, el triunfo en este deporte que tanto aman: el Fútbol.

 

Pero en este mundo, por desgracia, los jugadores humildes, los que llegan sin hacer ruido y se marchan sin decir "esta boca es mía". Los que solo se resignan o se lamentan pero lo hacen en silencio. En estos jugadores tan solo una mirada nos descubre que ese futbolista está sufriendo. Pero solo le sacas eso, una mirada. Y a veces, no hace falta más.

 

En este tipo de jugadores incluyo a futbolistas de los que puedo hablar con conocimiento de causa. En los años de éxitos, en el que se aceptaban los halagos y las críticas constructivas con la misma humildad, tuve la oportunidad de compartir muchas horas de entrenamientos y partidos con ambos tipos de jugadores. Pero también en los momentos donde caían toda clase de críticas negativas cuando los momentos eran duros y difíciles de superar. Ahí es donde uno realmente se da cuenta de la calidad humana que existe dentro de un vestuario. Analizando solamente los partidos, solo se capta la calidad deportiva, poco más. En estas situaciones es cuando uno realmente ve cual es el amor a los colores, la entrega por el club de los jugadores que componen tu vestuario.

 

Reconozco que ante este tipo de jugadores yo me quito el sombrero. Siento verdadera debilidad por este tipo de jugadores, que son los que me hacen creer que el mundo del fútbol tiene algo más allá de lo meramente económico o de que los futbolistas son "aves de paso".

 

Este tipo de jugador que lo da todo, que asume la responsabilidad de esperar su oportunidad, de seguir trabajando para alcanzar lo que tanto anhela, ese jugador será aquel que con el tiempo llegará a ser un buen profesional y mejor persona.

Para mí una demostración de que se puede ser el mejor futbolista dentro de un vestuario sin necesidad de saltar al terreno de juego ante la mirada y el dedo acusador de nadie.

 

Este tipo de jugador tendrá suerte, porque la vida siempre guarda cosas buenas para las personas que se lo merecen.

 

Recuerda: Si te has sentido identificado, no lo dudes ... Tu puedes ser uno de los que se lo merecen!!